CARNE DE CAÑÓN ARGENTA PARA EL «ESCUDO DE LAS AMÉRICAS»
Mientras el país se desangra en una recesión que ya perforó el piso histórico de la dignidad, el ocupante de la Rosada decidió que no le alcanza con hambrear a los jubilados: ahora quiere usarlos de escudo humano en un tablero geopolítico que nos queda a trasmano y nos sale carísimo. La consigna «Vamos ganando», que resuena con un eco macabro a las vísperas de 1982, no es más que el envoltorio publicitario de una capitulación absoluta. Milei no está «liderando el mundo libre»; está alquilando lo que queda de nuestra soberanía para que el complejo militar-industrial de los Estados Unidos tenga un patio trasero donde probar sus nuevas doctrinas de control social y despliegue asimétrico.
El nudo técnico: El «Escudo de las Américas» y la entrega de la logística nacional
Lo que el oficialismo presenta como un «paraguas de protección» es, técnicamente, la integración de las Fuerzas Armadas argentinas en una cadena de mando externa bajo el programa del Escudo de las Américas. Este esquema no es otra cosa que un acuerdo de interoperabilidad forzada. En términos legales y técnicos, esto implica que el Estado argentino cede el control de su ciberdefensa, de sus bases logísticas en el Atlántico Sur y de su inteligencia criminal a agencias extranjeras. No se trata de «cooperación», se trata de subordinación táctica.
Desde el punto de vista presupuestario, el «nudo» de esta locura es que Argentina se compromete a una readecuación de activos militares que no tenemos. Para cumplir con los estándares del «Escudo», el país debe endeudarse para comprar chatarra bélica estadounidense (como los F-16 que ya estamos pagando con el hambre del pueblo) mientras desmantela cualquier capacidad de desarrollo tecnológico propio, como el INVAP o los proyectos de radarización nacional. El gasto de defensa se convierte así en una transferencia directa de recursos desde el bolsillo del laburante argentino hacia las arcas de Lockheed Martin, bajo el pretexto de una «amenaza global» que nosotros mismos estamos ayudando a inventar al romper la tradición histórica de neutralidad y paz de nuestra política exterior.
Contexto político: ¿Quién se lleva la tajada y quién pone el cuerpo?
La relación con la realidad argentina es obscena. En un país donde el 60% de los pibes son pobres, meterse en una guerra ajena es una traición a la patria en términos biológicos. El beneficio es exclusivamente para el eje financiero-especulativo. Al alinearse de forma «carnal» con los conflictos de la OTAN y de Washington, el gobierno busca una validación política que el mercado interno ya le está negando. Milei necesita que el mundo lo vea como el «vigilante del sur» para mendigar un desembolso del FMI que le permita seguir sosteniendo la timba del carry trade.
Pero el costo lo paga Juan Pueblo. Al abandonar la neutralidad, Argentina se vuelve un blanco legítimo para represalias asimétricas. Estamos importando conflictos religiosos, territoriales y políticos que no nos pertenecen, rompiendo la convivencia de comunidades que en nuestro suelo siempre vivieron en paz. El beneficio es para una élite de cipayos que sueña con una foto en el Salón Oval, mientras el riesgo país de que nos pongan una bomba o nos bloqueen mercados estratégicos (como China o el mundo árabe) recae sobre la estructura productiva nacional, ya de por sí devastada por el «anarco-capitalismo» de cotillón.
La Doctrina de la Seguridad Nacional 2.0: El enemigo interno
No nos engañemos: el «Escudo de las Américas» es el nombre moderno para la vieja y nefasta Doctrina de la Seguridad Nacional. Al igual que en los años 70, el objetivo no es defender la frontera de un ejército invasor, sino utilizar el aparato represivo para controlar la protesta social interna. Bajo la excusa del «antiterrorismo» y la «defensa de los valores occidentales», el gobierno de Milei y Bullrich está preparando el terreno legal para que las Fuerzas Armadas intervengan en seguridad interior.
Este es el verdadero peligro: la militarización de la miseria. Si el modelo económico no cierra sin represión, la «guerra» que propone Milei termina siendo contra el docente que reclama salario, contra el obrero que corta la calle por su puesto de trabajo y contra cualquier disidencia que ose cuestionar el remate del patrimonio nacional. La «barbarie» no está afuera; la barbarie es este gobierno de psicópatas que prefiere comprar misiles antes que garantizar un plato de guiso en los comedores. «Vamos ganando», dicen, mientras nos hunden en el barro de una historia que ya sabemos cómo termina: con el pueblo poniendo los muertos y ellos huyendo en helicóptero o cobrando sus servicios en cuentas de Delaware.
Fuente original: Pagina12