El Besamanos en Nueva York:

Los Gobernadores y la Rendición Incondicional ante el Capital Financiero

Resulta tragicómico ver cómo la política argentina se desplaza hacia el norte no en busca de soberanía, sino de instrucciones. El reciente viaje de la comitiva encabezada por Javier Milei, escoltado por una yunta de gobernadores que hasta ayer ensayaban muecas de resistencia, no fue una misión diplomática: fue una rueda de negocios donde el producto en oferta es el patrimonio nacional. Volvieron «entusiasmados», dicen las crónicas oficiales. Claro, el entusiasmo del converso que acaba de descubrir que, si entrega los recursos naturales de su provincia, la timba financiera de Luis Caputo le permitirá estirar la agonía de sus cuentas públicas un par de meses más.

La timba de Caputo: El anzuelo para los «gerentes» provinciales

Para entender el «nudo» técnico de este viaje, hay que mirar más allá de las fotos de familia. El eje central fue la agenda con el JP Morgan y el Departamento del Tesoro. Aquí no se habló de industria, de desarrollo ni de valor agregado; se habló de rendimientos, spreads de riesgo país y el blindaje legal para el extractivismo. El esquema es perverso: el gobierno nacional asfixia las transferencias discrecionales a las provincias para luego ofrecerles el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) como la única tabla de salvación.

Técnicamente, lo que Caputo y el JP Morgan proponen es una primarización absoluta de la economía bajo un esquema de «enclave». Las empresas que entren bajo este régimen tendrán estabilidad fiscal por 30 años, podrán liquidar divisas afuera y no pagarán derechos de exportación después del tercer año. Para los gobernadores, esto significa que sus provincias se convertirán en territorios de sacrificio donde la riqueza sale por un tubo hacia el puerto y a ellos solo les queda el costo ambiental y social. Pero claro, en el corto plazo, el JP Morgan les promete acceso al crédito internacional para refinanciar deudas provinciales asfixiantes. Es el abrazo del oso: te prestan la soga para que te ahorques con elegancia.

El RIGI como acta de defunción de la soberanía federal

El «dialoguismo» de los gobernadores no es una virtud democrática, es una claudicación ante la hegemonía del capital financiero. ¿Quién se beneficia de este entusiasmo? No es el laburante de Catamarca, ni el docente de Salta, ni el pequeño productor de la Patagonia. Los beneficiarios tienen nombres y apellidos en las planillas de Excel de Wall Street. Al aceptar las condiciones de la Cancillería y el Palacio de Hacienda, los mandatarios provinciales están aceptando que la política económica argentina se decida en la Quinta Avenida.

El impacto en el pueblo es directo y brutal. Al ceder soberanía impositiva y regulatoria, las provincias pierden la capacidad de financiar su propia infraestructura. Estamos frente a la consolidación de un modelo de «gobernadores-gerentes», cuya única función es garantizar la paz social (o la represión necesaria) para que las mineras y las petroleras operen sin sobresaltos. La «agenda JP Morgan» es, en esencia, un programa de desguace donde el Estado se retira de sus funciones básicas para convertirse en un simple garante de contratos privados extranjeros.

La traición de los «señores feudales» convertidos en súbditos

Es indignante ver cómo la retórica del federalismo se evapora ante la primera promesa de un crédito puente. Estos gobernadores, que en sus distritos se autoperciben como caudillos protectores, cruzaron el Atlántico para arrodillarse ante un Caputo que ya demostró ser un experto en fugar capitales y dejar tierra arrasada. El entusiasmo que traen de Estados Unidos es el síntoma de una dirigencia política que ha perdido cualquier rastro de dignidad nacional. No son dialoguistas, son cómplices de un saqueo programado.

Mientras el país real se hunde en una recesión que ya muerde los talones del 2001, con el consumo desplomado y la industria nacional pidiendo la extremaunción, estos tipos celebran que «el mercado los ve bien». Por supuesto que el mercado los ve bien: el mercado siempre celebra cuando el vendedor está desesperado y entrega la mercadería a precio de remate. Lo que volvieron a traer de Estados Unidos no son inversiones, son espejitos de colores financieros a cambio de entregar el litio, el gas y el agua. La barbarie no es solo el hambre que generan; la barbarie es la sonrisa con la que firman el acta de entrega mientras el pueblo, desde abajo, observa cómo le rematan el futuro en una oficina vidriada de Manhattan.

Fuente original: Pagina12

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