El plan de exterminio del mercado interno no tiene fondo
Los números que arroja el último informe sobre consumo no son una estadística, son una autopsia. La caída interanual del 3,4% en supermercados y comercios de cercanía es apenas la punta del iceberg de un proceso de transferencia de recursos brutal, donde el hambre de las mayorías financia el superávit de una casta financiera que no pisa un pasillo de góndolas ni por error. No estamos ante una «desaceleración» técnica; estamos ante el desmantelamiento programado de la capacidad de subsistencia del pueblo argentino. Cuando el consumo cae en farmacias y mayoristas, lo que se está rompiendo no es la economía, es el contrato social básico: la salud y el stock de supervivencia familiar.
El nudo técnico: El fin del «stockeo» y la agonía del barrio
Para entender la gravedad del asunto hay que mirar dónde duele. La caída en los mayoristas es el dato más alarmante del cuadro técnico. Históricamente, el consumidor argentino se refugió en el mayorista para ganarle a la inflación, comprando por bulto lo que no podía pagar por unidad. Hoy, ese refugio está dinamitado. Si el mayorista cae, es porque ya no hay excedente ni capacidad de ahorro en especie. El salario ya no llega a la puerta del galpón.
Por otro lado, el desplome en kioscos y farmacias revela una crueldad sistémica. En Argentina, el kiosco es el termómetro del «gusto» posible, del pequeño recreo cotidiano; su caída marca el avance de una tristeza gris sobre la vida diaria. Pero que las farmacias retrocedan indica que la gente está postergando tratamientos médicos o eligiendo qué remedio comprar y cuál dejar para el mes que viene. Esto no es «eficiencia de mercado», es darwinismo social financiado con la guita de los jubilados y los trabajadores informales que ya no tienen dónde recortar.
Contexto político: El festín de los algoritmos y la «Galperización» de la miseria
¿Quién se salva en este naufragio? El e-commerce. Y no es casualidad. Mientras el comercio de barrio —ese que construye tejido social, el que fía, el que conoce al vecino— se desangra, las plataformas digitales crecen. Este es el modelo de la Argentina Algorítmica: una economía de plataformas donde el beneficio se concentra en un puñado de unicornios amigos del poder, mientras el costo logístico y la precarización laboral de los repartidores disfrazan una supuesta «modernización».
El beneficio es doble para los que manejan los hilos: por un lado, destruyen la organización territorial del comercio minorista; por el otro, bancarizan forzosamente el poco consumo que queda para que la timba financiera tenga flujo constante. El gobierno celebra la baja de la inflación, pero es la inflación de los cementerios. Lograron precios estables matando al cliente. Es la victoria táctica de una tecnocracia que desprecia la calle y solo entiende de hojas de cálculo donde la gente es un costo a reducir.
La raíz del problema: Un modelo de exclusión por diseño
No se equivoquen, esto no es un error de cálculo. La Barbarie Argentina actual necesita un mercado interno raquítico para forzar la baja de salarios en dólares y convertirnos en una plataforma de exportación de materias primas con mano de obra barata y hambreada. El ataque al consumo es un ataque a la soberanía del estómago. Cuando el Estado se retira y deja que el «libre mercado» (ese eufemismo para el abuso de posición dominante de las grandes cadenas de alimentos) dicte quién come y quién no, está abdicando de su razón de ser.
Estamos viendo cómo se pulveriza el poder adquisitivo mediante una pinza perfecta: tarifas de servicios públicos impagables que actúan como un impuesto al derecho a la luz y al gas, y precios de alimentos a nivel internacional con salarios de la periferia más olvidada. El resultado es este: Guatepeor. Un escenario donde el e-commerce es el único que festeja sobre las cenizas de un aparato productivo y comercial que tardó décadas en construirse y que estos tipos están demoliendo en meses con una sonrisa cínica en la cara.
Fuente original: Pagina12