TRUMP APRIETA EL GATILLO Y EL CIPAYISMO ARGENTINO PIDE PISTA EN EL INFIERNO
La farsa de la «paz mundial» se terminó de desintegrar en un posteo de Truth Social. Donald Trump, el hombre que maneja el destino del imperio con la sutileza de un rinoceronte en una cristalería, acaba de llamar «COBARDES» a sus aliados de la OTAN. ¿El motivo? No querer sumergirse de cabeza en el fango de una guerra abierta contra Irán. Mientras tanto, Israel —el brazo armado de los intereses anglosajones en la región— bombardea Siria y se anota el poroto de haber asesinado al portavoz de los Guardianes de la Revolución. El tablero está prendido fuego, y lo que nos venden como «defensa de la democracia» no es otra cosa que una reconfiguración violenta del mercado energético y geopolítico donde nosotros, los del sur global, somos el convite de piedra… o la carne de cañón.
El nudo técnico: Petróleo, drones y el Estrecho de Ormuz
No se dejen engañar por la retórica mesiánica. El ataque a Siria y la provocación directa a Irán mediante el asesinato de su portavoz militar no es un error de cálculo; es una estrategia de desgaste deliberada. Técnicamente, estamos ante una guerra de asimetría tecnológica. Irán ha demostrado que su capacidad de respuesta no depende de una flota aérea convencional, sino de una red de drones suicidas y misiles hipersónicos que pueden saturar cualquier sistema de defensa, incluido el sobrevalorado «Domo de Hierro». El reclamo de Trump a la OTAN es un manotazo de ahogado ante una realidad técnica ineludible: una ofensiva terrestre en Irán es un suicidio logístico. El Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, es el verdadero rehén en esta partida de póker sangrienta. Si Irán decide cerrar esa canilla como respuesta a los bombardeos, el precio del crudo no va a «subir», va a explotar, rompiendo todas las cadenas de suministro globales en cuestión de horas. La OTAN no es «cobarde», es pragmática: saben que sus economías, ya golpeadas por la crisis energética post-Ucrania, no aguantan un shock de este calibre.
La conexión argentina: ¿Qué carajo hacemos nosotros en este baile?
Acá es donde la cosa se pone espesa para nosotros. En una Argentina gobernada por un alineamiento dogmático y servil hacia los intereses de Washington y Tel Aviv, esta noticia no es «internacional», es de cabotaje. Mientras el mundo se fractura, el gobierno de Milei ha decidido romper con la histórica tradición de neutralidad argentina para jugar a los soldaditos con banderas ajenas. ¿Quién se beneficia con este alineamiento? Ciertamente no el laburante que paga la nafta a precio internacional mientras sus salarios están en el subsuelo. Se benefician los especuladores de la timba financiera que ven en el conflicto bélico una oportunidad para que Argentina se endeude más para «comprar seguridad» o reequipar unas Fuerzas Armadas que hoy solo sirven para el desfile. Nos están metiendo en el radar de un conflicto milenario por puro narcisismo geopolítico. El riesgo no es solo económico; es de seguridad nacional. Ser el «mejor alumno» de Trump en la región nos convierte en el blanco más barato para cualquier represalia asimétrica. Somos el alcahuete del barrio que se cree guapo porque camina detrás del matón, sin darse cuenta de que, cuando vuelen las piñas, el matón tiene chaleco y nosotros estamos en cueros.
La barbarie como única política de Estado
El asesinato del portavoz iraní es un mensaje claro: ya no hay canales diplomáticos, solo eliminación selectiva. Es la doctrina del terrorismo de Estado elevada a escala global. Y mientras Trump grita desde su red social, acá los loros del sistema repiten que «hay que estar del lado correcto de la historia». ¿Cuál es el lado correcto? ¿El que bombardea hospitales en Siria? ¿El que amenaza a sus propios aliados para que manden pibes a morir a un desierto por el precio del barril? La Barbarie Argentina hoy se traduce en esa sumisión ciega. Estamos importando un conflicto que nos es ajeno mientras exportamos nuestra soberanía a cambio de una palmadita en la espalda que nunca llega. El «análisis profundo» que nos deben los medios hegemónicos es este: la guerra en Medio Oriente es el yunque donde se está martillando el nuevo orden mundial, y Argentina, lejos de ser un actor inteligente, está actuando como el tonto útil que pone la cara para que otros se queden con la renta.
En conclusión: El patoteo de Trump a la OTAN es la confesión de una hegemonía que ya no puede sostenerse sola y necesita que otros pongan los muertos. Que el gobierno argentino celebre este clima bélico no es solo una irresponsabilidad, es un crimen de lesa soberanía. Mientras el portavoz de la Guardia Revolucionaria cae, acá deberíamos estar levantando las guardias contra un modelo que nos quiere convertir en la retaguardia logística de una guerra de rapiña. No es cobardía, Trump, es que el mundo ya se cansó de pagar tus deudas con sangre ajena. Y acá, en esta tierra castigada, no tenemos más sangre para regalarle a ningún imperio.
Fuente original: Pagina12